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“Siga participando” – Hábitat Ciudadano

El sábado por la mañana, comprando en la feria de mi barrio, un chico joven se me acerca para que vote sobre el tema en el que iba a desarrollarse una charla en la sala de salud del barrio. Aprovechaba que estábamos haciendo cola para repartirnos el volante de votación. La charla iba a ser de salud, solo nos consultaban sobre qué tema. Y no era cualquier tema, sino que podíamos elegir sobre 3 temas elegidos por alguien más, que no éramos los que estábamos en la fila. Hasta ese momento, me pareció un joven haciendo su trabajo y dejé de prestarle atención porque estas cosas del mundo del marketing no me convocan, solo reaccioné cuando le explico a otro de la fila que esto era participativo.
Inmediatamente me acordé en forma desordenada de las tapitas en las que buscás premio y te dice siga participando, de las organizaciones sociales que buscan incidir en las políticas públicas de forma participativa, de algún funcionario que pone en marcha un procedimiento participativo, de la participación en las ganancias de los integrantes de una cooperativa, del bono de retiro voluntario que les dieron a muchos trabajadores de la vieja ENTel llamado propiedad participante, que les dio derecho a una silla en el directorio, a los organismos internacionales promoviendo la participación para todo, todo, todo, a experiencias extraordinarias como fue el presupuesto participativo de Porto Alegre.
El interés por la participación ha aumentado de manera significativa en las últimas décadas,aunque sido usado con diferentes connotaciones y en muchos casos, haciendo pasar el marketing por participación.
Vayamos por partes.
Hay varios estudios de otros países y de Argentina también sobre la cuestión de la participación. Cada uno presenta diferentes perspectivas, aunque se diría que todos coinciden en algo: cuando se habla de participación no se sabe de qué estamos hablando. Es un término ambiguo, cuya representación en la cultura popular, es bien recibida y en el ámbito de definición de políticas, es políticamente correcta. Pero en sí misma, la participación no es una cuestión concreta. Es vaga.
De hecho, el abanico de interpretaciones o construcción del concepto atrás de la palabra, es amplio. Va desde la emisión de opiniones a encuestadores que pretenden conocer las percepciones de la gente sobre sus necesidades, aunque no tengan injerencia en los programas y políticas públicas; a espacios-procesos de fuerte involucramiento de la ciudadanía en proyectos y políticas públicas de las que serán afectados y/o favorecidos.
Tampoco es claro si cuando lo inicia el Estado o cuando lo inicia la ciudadanía, la participación tenga las mismas ideas atrás.
Hay tantas formas de definir participación que arriesgo una. La participación es compartir poder. En el caso de las cuestiones del hábitat, es compartir poder de decisión sobre nuestro hábitat, en sus diferentes problemáticas y distintas escalas. Y en ese compartir, está contemplado hacerse cargo del conflicto, de los disensos, de las diferencias. En un proceso participativo desarrollado entre el Estado y la sociedad, deberá darse un tiempo que permita acercar miradas, re proyectar propuestas, evitando la simplificación de los asuntos, de forma que sean abordados en su magnitud y complejidad.